Israel Galván FLA.CO.MEN

Danza – MAYO 2017
Viernes 26 de mayo. Sala Argenta. 20:30 hs

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Un concierto de Israel Galván, con David Lagos, Tomás de Perrate, Eloisa Cantón, Caracafé y Proyecto Lorca (Juan Jiménez Alba y Antonio Moreno).

Todo anda revuelto en el interior de la ballena

perdidamente desordenado

los relojes bajo los muebles se detienen.

Charo Martín

Duración: 90 minutos, sin descanso

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Seremos breves esta vez, de eso se trata. Iremos al grano. La música, ese es el argumento. La música que ha sonado, a lo largo y a lo ancho, en las propuestas escénicas de Israel Galván, aligerada ahora de tramas, de libretos y de teatro. Los zapatos rojos, La Metamorfosis, Galvánicas, Arena, El final de este estado de cosas, Lo Real-Le Réel-The Real… sonando sin argumento, con la inercia del cuerpo y el ritmo. Sólo la música.

Se trataba de eso, de adelgazar de cualquier gravedad uno de los hallazgos más luminosos de los espectáculos de Israel Galván: el sonido. La cosa surgió entre Utrera y La Rinconada, entre la beneficencia y las hipotecas, reciclando audio con un selecto grupo de sus músicos; ofreciendo al público breves estallidos de felicidad. Todos sabemos que Israel Galván es una máquina y aquí suena en toda su pureza.

¡Sólo la música!  En fin, esa es una de las características del baile flamenco y del baile de Israel Galván en particular. El cuerpo es un instrumento. No sólo de percusiones, también de viento, metales, cuerda, pues sí, el cuerpo habla. Cuando se tuerce ante el violín de Elo Cantón las notas son más de madera. Quieto frente a David Lagos o Tomás de Perrate, es más cuerpo, redundante. Caracafé es casi su gemelo, unas veces diestro y otro siniestro. Y más flamenco cuando remacha las percusiones y los metales de Proyecto Lorca.

Israel Galván ha huido siempre de la fusión, extraña categoría musical, vaga, llena de obviedades. Lo suyo es el montaje, como en el flamenco de siempre, como en la cinta cinematográfica. Saber componer con trozos, pedazos, pecios. Es verdad que Israel Galván arrima otras referencias: no es Tárrega quien se asoma en la rondeña sino Ligeti, ni es Albeniz quién abre la granaina sino Luigi Nono. Pero el sentido es el mismo. Se trata de música flamenca en su estado primigenio, todavía en ebullición, antes de que comenzaran las pétreas cristalizaciones.

Por eso podemos encontrar que el taranto se emparenta con la tarantela o que los tangos siguen la senda del rimbético, que en la toná hay letra de Hugo Ball y música de Mauricio Sotelo, incluso unos verdiales tal y como los toca Antony and the Johnsons. Y en este concierto hay un regalo, ya antiguo, que le hizo el maestro Morente a Israel Galván. Toda una definición para su quehacer, su forma de hacer: Fui piedra y perdí mi centro, me arrojaron al mar y al cabo de mucho tiempo, mi centro vine a encontrar. La letra, clásica, metida por soleá, por malagueña, en una toná con la batería de los Lagartija Nick. Morente decía que en el flamenco se trataba de “traducir” la “tradición” y de ser consciente de la “traición” que siempre se encuentra implícita en dicha operación.

Israel Galván no confunde el juego con lo ligero, la combinatoria también puede ser cosa grave. Por eso, cuando repasa su trayectoria, cuando intenta expresar como se vive cargando con tantas músicas, con tantas formas del cuerpo, con tantos sonidos en la cabeza, pues a menudo lo expresa con la metáfora de la ballena, si, la ballena blanca, la vida del artista, del creador, como Moby Dick, Leviathan, Job antes de ser expulsado a la playa. Hay un poema (en el interior de la ballena todo anda revuelto: los muebles, los libros, los relojes) de una cantaora flamenca, Charo Martín, que expresa a la perfección las cualidades curativas de ese viaje en el interior de la ballena. Israel Galván es a la vez la ballena y su interior descompuesto, el capitán Acab que la alcanza y el Leviathan que los engulle a ambos.

Además, Israel Galván ha invitado en esta ocasión a Patricia Caballero para que le ayude a gestionar gestos y tiempos. Ya pasaba con La edad de oro, un espectáculo anterior, puesto que no se trata de un espectáculo cerrado, su propia construcción pide que, en cada representación se ensayen cosas, se recuperen hallazgos, se introduzcan elementos novedosos. Se trata de un espacio de libertad en el que Israel Galván recuerda y ensaya lo viejo y lo nuevo. No sé si conocen el baile de Patricia Caballero, pero en Lo raro es que estamos vivos pueden entender muy bien la elección de Israel Galván. No se opera sobre las palabras ni sobre las cosas, se trata de gestionar el tiempo, una rara idea del tiempo en la que se confunden lo cronológico con lo atmosférico.

Muchas veces se habla de que Israel Galván juega con total libertad con los elementos propios del flamenco. Exageradamente se ha hablado, a la vez, de deconstrucción y de constructivismo. Y algo de eso hay, no sólo en el propio Israel Galván sino en el mismo flamenco. De forma casi milagrosa un grupo de artistas, casi en los márgenes de la sociedad, supieron integrar partituras olvidadas con ritmos cubanos, viejas melodías entre melismas y jipíos, tambores africanos ajustados a distintos politonos, como se dice ahora. Pues aquí está, una muestra más. Quizás se haya cambiado el orden de las sílabas, pero sigue siendo flamenco.

 

Israel Galván de los Reyes, Premio Nacional de Danza 2005 en la modalidad de Creación, concedido por el Ministerio de Cultura, “por su capacidad de generar en un arte como el flamenco una nueva creación sin olvidar las verdaderas raíces que lo han sustentado hasta nuestros días y que lo constituye como género universal”, En 2012 se le concedió el Bessie Award for an Outstanding Production, de New York, y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes concedida por el Consejo de Ministros.

Hijo de los bailaores sevillanos José Galván y Eugenia de Los Reyes, desde los cinco años vive de manera natural los ambientes de tablaos, fiestas y academias de baile a los que acompaña a su padre. Pero no es hasta 1990 que encuentra su vocación por el baile.

En 1994 entró a formar parte de la recién creada Compañía Andaluza de Danza dirigida por Mario Maya, comenzando una trayectoria imparable jalonada de importantes premios del flamenco y la danza.

Ha realizado numerosas colaboraciones en proyectos de muy distinta índole y con artistas muy dispares, entre los que destacan como referentes en su carrera Enrique Morente, Manuel Soler y Mario Maya, sin olvidar a Sol Picó, Pat Metheny, Vicente Amigo, Alfredo Lagos, Manuela Carrasco, Lagartija Nick, Fernando Terremoto, Miguel Poveda, Diego Carrasco, Gerardo Nuñez, Belen Maya, Chicuelo, Joan Albert Amargós, Diego Amador, Arcángel, Inés Bacán, Estrella Morente…

En 1998 presentó ¡Mira! / Los Zapatos Rojos, primer espectáculo de su propia compañía, alabado por toda la crítica especializada como una genialidad, supuso una revolución en la concepción de los espectáculos flamencos.

Desde entonces se suceden La Metamorfosis (2000), Galvánicas (2002), Arena (2004), La Edad De Oro (2005), Tábula Rasa (2006), Solo (2007), EL Final De Este Estado De Cosas, Redux (2008), La Curva (2010) y Lo Real / Le Réel / The Real (2012), una particular reflexión sobre el holocausto gitano bajo el régimen nazi, por la que, en Mayo de 2014, recibió 3 premios Max de las Artes Escénicas: Mejor Espectáculo de Danza, Mejor Coreografía y Mejor Intérprete Masculino de Danza. También creó La Francesa y Pastora para su hermana Pastora Galván.

Israel Galván es un Artista Asociado de Théâtre de la Ville de París y Mercat de les Flors de Barcelona.

Precios

25€

30€

27€

20€

15€ y 10€