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Cuando los `Del otro lado´ son iguales a nosotros

Santander, 7 de febrero de 2021.- Pequeños y mayores se congregaron en la tarde de ayer en la Sala Pereda para presenciar el estreno de la obra de teatro `Del otro lado´, incluida en el ciclo El Palacio con los niños y dirigida por Blanca del Barrio. Esto significaba terminar la temporada de actuaciones del Palacio de Festivales de la mejor manera posible, acompañado de los más pequeños para sembrar en ellos la semilla de la cultura, para que crezcan de la mano del teatro y las artes escénicas y tengan una visión crítica y reflexiva.

Precisamente esta visión reflexiva es la que traía la función `Del otro lado´, que trata sobre la separación y el encuentro. Son las dos protagonistas de la obra quienes comienzan jugando a la pelota, hasta que una de ellas la lanza al otro lado del muro. A partir de aquí pasamos a ver otro registro de la función, cuando la luz se vuelve tenue y el suelo dibuja ondas que simulan la superficie marina, un mar sobre el que se presume una pequeña barca en la que se encuentran hacinados varios muñecos esquemáticos, que posteriormente veremos desperdigados sobre la superficie, inmóviles, recordando imágenes que más de uno tendrá fijadas en la retina. Finalmente, la barca, con quienes todavía se mantenían a flote, se da de bruces contra un muro, donde algún intrépido trata de escalarlo.

Además de las protagonistas y los muñecos, la función también sumaba la música y el vídeo a su repertorio. Un vídeo que, sobre el propio muro como pantalla, sostenía una sucesión de pinturas del artista británico Bansky, cuyos dibujos son una crítica social en sí misma.

Parece que un muro, una separación o una distancia nos quiere resguardar de algo peligroso, sin embargo quienes están al otro lado no son más que personas de carne y hueso, padres y madres, hermanos y hermanas que corrieron peor suerte. Ya lo dijo Isaac Newton: `construimos demasiados muros y pocos puentes´. Las sosegadas reflexiones dieron lugar a la conclusión de que los muros nos anclan en el pasado, impidiéndonos avanzar. Por ello, ambas protagonistas decidieron echar abajo la muralla, de forma que su estructura tomase la forma de un puente para que se pudiese pasar de un lado a otro. Este puente permitió a todos los muñecos desplazarse hasta el borde del escenario mostrando un acercamiento con el público, una cercanía que durante toda la obra se había mostrado como una lucha necesaria.

Con el final de la obra, escenario y patio de butacas se fundieron en un aplauso cerrado, no había un lado ni otro, solo personas que disfrutaron del espectáculo, unos por observar y otros por interpretar. Una interpretación que seguro será la primera de muchas y que fue recompensada, como mandan los cánones, con sendos ramos de flores para las actrices y la directora. Una función que seguro dejó al público pensando en cómo derribar sus muros en favor de extender nuevos puentes. Unos puentes que llevarán al Palacio de Festivales de Cantabria hacia una nueva temporada de actuaciones en las que el contraataque de la cultura continuará en todos los frentes de las artes escénicas, demostrando que la cultura es segura.

Javier Sánchez Becerril