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Del Mediterráneo al Cantábrico: la Orquesta Ciudad de Granada se presentó en la ciudad de Santander

Santander, 16 de enero de 2021.- Durante unos minutos y unas horas antes de que las nuevas restricciones limiten más la audiencia que pueda deleitarse con las notas de los instrumentos, la Orquesta Ciudad de Granada se presentó puntual ante el público, esperando educadamente a que el director, Diego Martín-Etxebarría, pisase las tablas del escenario de la Sala Argenta. Una vez esto sucedió y los componentes ya habían tomado posiciones en sus asientos, el director apuntó hacia ellos con un delicado movimiento de batuta. En ese momento, los instrumentos musicales liberaron sus notas para formar un sonido que el público recibió, como siempre, con un expectante silencio.

La noche comenzó con la Sinfonía nº 83, La poule, de Joseph Haydn, conocido como el `padre de la sinfonía´. Lo cierto es que aquella música, sin duda briosa, más que el movimiento de una gallina, como sugiere el sobrenombre en francés, me pareció que evocaba la eclosión de la primavera, resonando como un paisaje de flores abiertas en prados multicolores, por los que el agua brinca fría y cristalina, dando cobijo a toda clase de animales, algunos mitológicos, que viven en libertad. La interpretación de aquella no declarada primavera, que el invierno negaba puertas afuera, arrancó los entusiastas aplausos de un público distribuido con sanitaria estrategia en las butacas de la Sala Argenta.

Tras este comienzo enérgico, vino a poner cierto sosiego el Concierto para violonchelo nº 1 en la menor de Camille Saint-Saëns, en cuya ejecución se estableció una simbiosis armoniosa entre la solista y la orquesta. De buena gana hubiéramos rebobinado el concierto para ver de nuevo en acción a Orfilia Saiz Vega, contemplando cómo recrea en su violonchelo la música de Saint-Saëns con los movimientos cadenciosos de su brazo, mientras presiona las cuerdas en el lugar preciso para entregar las notas al aire, al alcance de nuestros oídos.

Pero la realidad no admite ser rebobinada, así que prosiguió el concierto, y lo hizo felizmente, con los primeros compases de la Sinfonía nº 4, Italiana, de Mendelssohn. La verdad es que, por momentos, parece que el autor se pasó por España en el periplo italiano que le inspiró esta obra. Con las notas vivas de esta composición de Mendelssohn, puso fin al concierto la Orquesta Ciudad de Granada, entre los aplausos de un público que, seguramente, no solo reconocía las virtudes de su interpretación, sino que agradecía la audacia de aquellos hombres y mujeres que habían saltado desde el Mar Mediterráneo hasta el Mar Cantábrico, arrostrando los rigores de la España helada.

Javier Sánchez Becerril