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El recuerdo de un alma roto por el absurdo de la contienda

Santander, 24 de enero de 2021.- `Blanco Roto´ es el retrato vivo de una búsqueda, un viaje para rescatar del olvido a un hombre que se vio inmerso en la sinrazón de una España dividida y que, como muchos otros, partió hacia el frente a guerrear, hermano contra hermano. El recuerdo estuvo presente en toda la obra, desde que los actores pisaron el escenario y escribían sobre el suelo los nombres de los que murieron. Seguidamente, nos contaban lo que ocurrió, lo que se sabía porque todavía no se había olvidado, mientras de sus manos se escapa polvo, el polvo en que se habían convertido muchos compatriotas entre el 36 y el 39.

Con todo dispuesto sobre el escenario, los dos actores, que cargaban con la representación de seis personajes distintos, comenzaban con un anhelo, el de rescatar el recuerdo de un familiar. El recuerdo de un hombre que añora a su hermano, del que rememora su energía y su pasión por el ciclismo. El desasosiego de no saber dónde hallar los restos de su hermano, su memoria marchita y el amor paterno filial hizo que el joven hijo de este hombre atribulado emprendiese un viaje hacia el pasado, no para reabrir viejas heridas, sino para cicatrizarlas. Este ímpetu sanador, que muchas asociaciones y personas han sentido, llevó a Juan Larrinoa a mover cielo y tierra para saber dónde descansaba su antepasado.

Como bien nos mostró el personaje, no es sencillo elegir un camino u otro, la burocracia es lenta y a veces desalentadora, lo que te obliga a ser un llanero solitario que pasa de los despachos en busca de antiguos registros a un cementerio. Una búsqueda incesante que contrasta con la labor rutinaria e impasible de quienes desentierran los huesos de personas sin nombre. Puntos de vista opuestos de quienes buscan un recuerdo.

Mediante un ritmo sosegado, el personaje de Larrinoa no cesaba en su búsqueda, al tiempo que reflexionaba en voz alta sobre el ser y el perecer. La búsqueda llevó a Larrinoa hasta el municipio cántabro de Limpias, en cuya iglesia, mano a mano con el párroco, logró encontrar una lista en la que estaban escritos los nombres de 74 personas que perecieron durante la contienda y que fueron enterrados en una fosa común en Limpias.

Este hallazgo dio paso al punto álgido de la función, la oscuridad solo se vio interrumpida por una sombra, un hombre despojado de parte de sus ropas, de su nombre y su recuerdo, era una sombra grande y alargada, no por tamaño, sino por tiempo, una sombra de 80 años que se esfuma y que permanece. Un soldado del ejército republicano que nos hizo reflexionar sobre la vida y la muerte, la existencia y la ausencia, el recuerdo y el olvido. El desvaído recuerdo de un familiar cuya cara ya se rememora borrosa, una voz extraña a los oídos… una fotografía, una camisa, solo son objetos que nos sirven para tener presente en nuestra cabeza a alguien. Pero falta un lugar donde honrar la memoria de una persona, una respetuosa ceremonia en el que despedirnos de nuestros antepasados.

`Blanco Roto´ trajo la reflexión sobre el olvido, sobre el recuerdo a los que cayeron, con independencia del bando que abrazaron o les obligaron a abrazar. Eran personas con sus nombres y sus apellidos, eran padres, hijos, tíos, primos, hermanos y amigos que merecen ser recordados. Finalmente, una vela quedó sobre el escenario para recordar a este joven fallecido, a todos esos jóvenes que desaparecieron sin dejar rastro, a todos esos que ya no están ni se sabe dónde están, para que no se apaguen los recuerdos, las almas ni las vidas de estas personas.

Un recuerdo doloroso pero necesario para cicatrizar heridas que el público agradeció con el respeto y el reconocimiento tanto a la historia en sí como a los actores, que con cada matiz de su interpretación lograban expresar las distintas facetas de los personajes involucrados en este recuerdo histórico, desde el funcionario que está atado de pies y manos al hombre que busca justicia, reconocimiento o simplemente humanidad, de cuyo lado se pone, superando la dialéctica de los bandos. El buscador compartió asiento con el público para contemplar por primera vez desde fuera su propia aventura. Al finalizar la representación, los actores dieron un paso al lado para que Larrinoa recibiese el respeto por parte del auditorio, que le dedicó un aplauso en el que, sin duda, honraba, al tiempo, al buscador y a su causa, la causa de la humanidad.

Javier Sánchez Becerril