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`Fresa y chocolate´, cuando lo diferente puede mezclarse

Santander, 12 de diciembre de 2020.- La Sala Pereda del Palacio de Festivales de Cantabria acogió ayer la representación de la obra de teatro de `Fresa y chocolate´. La obra, bajo la dirección de Alberto Alfaro, nos cuenta la historia del relato `El hombre, el lobo y el hombre nuevo´, de Senel Paz.

David y Diego son dos hombres con pensamientos antagónicos que se encuentran en la heladería Coppelia de La Habana. Un helado de chocolate frente a uno de fresa (símbolo de homosexualidad). David es un joven estudiante de Sociología, comunista y confeso del `materialismo-dialéctico´, que cree profundamente en los principios de su partido y no acepta algo que se salga de la línea oficial. Por contra, Diego es un intelectual homosexual que intenta seducir a David. Al principio, el recelo que siente el joven por el artista es total. No obstante, ambos pactan una amistad `discreta´, en la que ni siquiera se saludarán por la calle. David, conchabado con Miguel (un camarada comunista que hace regirse a David por el dogma de su partido) fuerza un acercamiento con Diego, con la intención de descubrir sus comportamientos inmorales para pillarle in fraganti y forzar su marcha del país. Extrañamente, Diego (que está enamorado de David) acepta esta nueva relación con la intención de traspasar la ligera línea que existe entre la amistad y el amor.

En definitiva, se trata de una historia de amor, tolerancia y libertad. Una oda a la amistad entre dos personas diametralmente opuestas, donde la comprensión y la empatía hacen que tengan la capacidad de ponerse el uno en el lugar del otro, haciendo ver que no todo es blanco o negro.

Al fin y al cabo, el sueño de todo autor es que su obra no se pierda en el tiempo y esto es algo que Senel Paz ha conseguido desde que escribiese el cuento `El hombre, el lobo y el hombre nuevo´, que más tarde fue llevada al cine bajo el título de `Fresa y chocolate´ y que varias compañías teatrales la hayan representado sobre las tablas. Una manera de recordarnos que no se trata de cuál de las dos partes es mejor, sino que es lo mejor de cada parte. Esta es la conclusión a la que cualquiera puede llegar al darse cuenta de la gran intolerancia que rodea tanto a la ideología política como a la orientación sexual de las personas. Unas diferencias que pueden ser superadas por la amistad, favoreciendo un crecimiento tanto personal como conjunto de la sociedad.

No obstante, todo cambio empieza por un individuo que acaba empapando al pueblo y Diego, rechazado por la sociedad, se ve obligado a abandonar Cuba, a pesar de que siempre quiso luchar por ella. Finalmente, David y Diego se funden en un abrazo, con el que se funden también las luces del escenario, en medio de un aplauso cerrado del público. Un público que, casi seguro, salió del Palacio con una mirada más limpia y menos acusadora hacia el diferente. Y es que, cuando la tolerancia irrumpe en las relaciones humanas, la vida se hace fuerte contra los prejuicios que pugnan por amargarla.

Javier Sánchez Becerril