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Música clásica en la alborada de unas fiestas clásicas

Santander, 23 de diciembre de 2020.- A pesar del año tan peculiar por el que todos estamos pasando, no podían faltar en el Palacio de Festivales de Cantabria las notas de la Orquesta Sinfónica del Cantábrico (OSCAN) y el Coro Lírico de Cantabria, que ayer llenaron las butacas de la Sala Argenta de melómanos que acudieron fieles a esta cita con la música clásica.

Con todas y cada una de las posiciones adjudicadas sobre las tablas, uno a uno fueron saliendo los componentes del Coro Lírico de Cantabria, que, como piezas sobre un tablero de ajedrez, ocuparon sus casillas sobre el escenario, eso sí, no unas frente a otras, sino orientados en una misma dirección, hacia el público, bajo la atenta mirada de su directora, Elena Ramos. Tras el coro, la OSCAN llenaba los espacios que quedaban sobre el escenario. Tan solo faltaban la soprano María del Mar Fernández Doval y Marina Pardo, mezzosoprano. Finalmente, Paula Sumillera, fundadora y directora de la OSCAN, se sumó al elenco, dando el pistoletazo de salida al concierto. Una vez las posiciones estuvieron tomadas, los instrumentos afinados y el silencio dispuesto a todo, la directora deslizó su brazo para que, con un ligero golpe de batuta, comenzase a escucharse la música.

Tan ceremonioso comienzo despertó las mejores impresiones, y así fue. Quienes acudimos anoche a la Sala Argenta tuvimos el privilegio de asistir a un acontecimiento realmente excepcional: los maestros Vivaldi y Beethoven se encontraron sobre el escenario con los maestros y maestras de la OSCAN y de esta feliz coincidencia nació espontáneamente el arte, con todos los matices de la creación expresándose naturalmente en los acordes de la música.

Primero fue el maestro italiano del barroco, que entrelazó el misterio de la misa ‘Gloria in excelsis Deo’ con el misterio de la música, desvelado, para quien sepa entenderlo, en las voces sugerentes de María del Mar y Marina y de los hombres y mujeres del coro unas voces que vibraban libres por los espacios del auditorio, buscando su descanso en la expectación del público. Después, la directora de la orquesta nos brindó la versión más reconocible del genio de Bonn, una peripecia sorprendente que transita desde el susurro al arrebato, roza los rincones de la melancolía, acercándose a la rendición, para encaramarse a la determinación sin solución de continuidad, desplegando un repertorio de emociones que no dejan de buscarse unas a otras. Eso pasó anoche en el Palacio de Festivales de Cantabria, lo sé porque yo lo vi, estuve allí, aplaudiendo hasta quemarme las manos junto con el numeroso público que quiso participar en este contraataque clásico de la cultura.

 

Javier Sánchez Becerril