Un amor oscuro y un escenario íntimo nos acercan a las pasiones ocultas de Lorca

Santander, 12 de noviembre de 2020.

En la tarde de ayer los `Sonetos de amor oscuro´ de Federico García Lorca se recitaron en un ambiente tenue. Alejado del patio de butacas, el público se concentraba en esta ocasión sobre el escenario, siendo de igual modo espectadores de esta obra de teatro, ya que en la ubicación de sus sillas formaban una pasarela desde la que el protagonista, Javier García Ortega, te atrapaba con su actuación, transportándote instantáneamente a unos años convulsos en los que se produjo una enorme fractura en la sociedad española. Al mismo tiempo, el actor permitía hacerse una idea de lo que sintió Lorca en los años en los que escribió estos sonetos, colaborando en la comprensión tanto de la escritura como de la oscuridad de este poeta y dramaturgo, el autor de `La casa de Bernarda Alba´, `Bodas de Sangre´ o `Yerma´, entre otras muchas obras, un enamorado del arte, comprometido con la sociedad de su tiempo y la divulgación de la cultura.

Tras una breve introducción sobre la publicación de los sonetos en una edición clandestina, nuestro protagonista comenzó a recitar los sonetos, interpretando las emociones que descansan en cada uno de ellos. El dolor, cuya expresión empezó a gestarse en un Hotel de Valencia, estalló en todas sus dimensiones, nada menos que once, en el Palacio de Festivales de Cantabria. Los once sonetos que se conservan de los treinta y seis que completaban este `Amor oscuro´ nos enseñaron la faceta romántica y sufridora del reconocido escritor, quien en vida se vio obligado a ocultar su homosexualidad. Aún reprimiendo sus sentimientos más íntimos y verdaderos, fue capaz de escribir una obra literaria que en su conjunto está a la altura de los grandes escritores de la Generación del 27.

Tras escuchar todas las situaciones, momentos y personas que marcaron la vida de Lorca, llegó el instante en el que la espalda del actor se convirtió en lienzo, mostrando el rostro del mismísimo Federico García Lorca, sobre quien hizo las veces de altavoz de sus más oscuros secretos.

Ayer la Sala Argenta parecía más oscura, más grave el aire en el que resonaban las palabras, más desgarrador el silencio roto por los sonetos. Encaramados en el escenario, muy cerca del protagonista, nos sentimos en presencia de un drama, el del amor no correspondido, el de la poesía sometida por la violencia, el de la vida sitiada por el fanatismo, el de la libertad pisoteada por la intolerancia. Tanta emoción contenida se desbordó cuando el público prorrumpió al final de la actuación en un aplauso conmovido.

 

Javier Sánchez Becerril