El público del Palacio tuvo un ‘Déjà Vu’ en la Sala Argenta

Santander, 28 de noviembre de 2020.- En la tarde pasada el público se congregaba en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria para contemplar con atención el reflexivo humor de `Déjà Vu´. Bajo la dirección de Manolo Alcántara, quien protagoniza este circo, se encuentran Andreu Sans y Laia Rius, que toca el violín.

Como si de un viaje onírico se tratara, con la caída sucesiva de dos enormes velos tras los que aparecían los intérpretes principales, comenzaba esta obra en la que el protagonista, un personaje cotidiano, lucha contra la pereza por levantarse de la cama y encaminarse a las tareas de aseo diarias en las que cada ser humano se ve inmerso cada mañana. Adaptándose a las rutinas de esa mañana, el protagonista se movía al compás de los objetos de su alrededor. La cama, el espejo y la luz simulaban tener vida propia y por momentos parecían ir en contra de uno mismo cuando se encamina a la oficina.

La ausencia de voz en nuestros personajes no hacía más que dar paso a las sensaciones. El hastío de un oficinista, un trabajo lineal y sin sorpresas que lejos de estimular a nadie en sus objetivos vitales, le enraíza en una cotidianidad que, sin que te des cuenta, te aleja de tus ambiciones. Una obra en la que la perspectiva cambia el tamaño de los objetos, una sombra que se vuelve gigante contra el protagonista y una vida (en forma de estantería) que conduce al personaje al abismo. Incluso en un momento vemos a una pequeña marioneta movida por hilos escalando desde la parte baja de la estantería hasta la cima.

Los objetos, lejos de permanecer estáticos, se mueven sin cesar: camas que apoyadas de canto caen para mecerse sin parar, estanterías que se mueven y cuyas puertas giratorias hacen las veces de tobogán, engullendo a quien pasase por allí. Un círculo cerrado en el que el protagonista orbita sobre el escenario, no se sabe bien con qué fin, pero que le hace estar en constante movimiento sin llegar a avanzar en ninguna dirección. Unas idas y venidas, acompasadas por el violín de Laia Rius.

Probablemente más de uno en su butaca tuviese un `Déjà Vu´. Al fin y al cabo, quién no se ha visto enfrascado en el constante ritmo diario de levantarse con el tiempo justo para realizar sus labores y enfrentarse a los sellos, firmas y revisión de papeles en una oficina o cualquier otra rutina de trabajo, todo ello con el penetrante `ring ring´ del despertador. A este hombre en busca de su futuro le asalta la sensación de que no hace más que tropezarse una y otra vez con su pasado, pero insiste,

probablemente porque mantenga la esperanza de que un `Jamais Vu´ le permita liberarse de la cadena que lo sujeta al absurdo engranaje de repeticiones tediosas e interminables. Esta esperanza de nuestro protagonista podrá encontrar abrigo en la cultura, esa que no deja de contraatacar creando reflexiones `ingrávidas y gentiles´ contra la pesadez de la mirada pesimista atrapada en el absurdo.

Javier Sánchez Becerril