`Aiguantulivinamerica2´, el humor vence en el Palacio de Festivales

 

Santander, 21 de noviembre de 2020.

En la tarde de ayer Goyo Jiménez deslumbró en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria con su último monólogo, `Aiguantulivinamerica2´, con el que el humorista nos acercó, con una mirada irónica, al glamuroso estilo de vida estadounidense.

Goyo Jiménez pisó las tablas portando con orgullo una bandera de los Estados Unidos de América, ondeando la misma por todo el escenario, acompañado de un fortísimo aplauso por parte del público. Hasta que, por fin, una vez terminada esta exaltación del sentimiento estadounidense, posó con mimo la bandera, eso sí, custodiada, como no, por el escudo del Capitán América.

El humorista comenzó situando al público en relación con lo que se iba a escuchar, pero antes de ensalzar el nuevo continente, Goyo recordó algunos tópicos de los países europeos como Alemania y Francia, encontrando sendos nacionales entre el público con los que mantuvo un intercambiojocoso, pero amable, sobre sus costumbres. Ya lo dijo él: `Así es Goyo Jiménez, te educa a la par que te entretiene´.

Durante su actuación resaltó la buena prensa del estilo de vida americano, destacando el glamour de los nombres americanos como Paul Newman o Robert Redford, el cariño con el que una madre arropa a su hijo a la caída del sol, el esmero que pone un padre en lanzar una pelota de béisbol o el ánimo y los cantos con los que afrontan una misa los estadounidenses contrastaban con el insustancial nombre de Gregorio Jiménez, el hastío de un padre que regresa al hogar agotado tras una intensa jornada de trabajo o la parsimonia con la que un cura da la misa. Al fin y al cabo, ¿quién no querría ir a la iglesia a cantar, como ayer se hizo en la Sala Argenta, `Oh happy day´? Un canto acompañado por unas palmas acompasadas por parte del público. ¡Ah!, eso sí, a pesar de sacarle brillo constantemente a los americanos, Goyo Jiménez no hizo de menos a nuestra querida Cantabria, con sus verdes prados, su mar azul y sus blancas montañas. Y es que con estos lugares, ¿quién no diría `Aiguantulivincantabria´?

Si dijéramos que el monologuista se metió al público en el bolsillo no transmitiríamos fielmente la complicidad que se estableció entre el humorista y sus espectadores, una relación espontánea en la que Goyo Jiménez parecía más bien un tenista que lanzaba bolas de humor al auditorio, quien las recibía con sonrisas amables o risas desbordadas, devolviendo al tenista-humorista las impresiones necesarias para modular certeramente su intervención. Con esta comunicación fluida y especial, el Palacio se convirtió anoche en el escenario de una catarsis que alivió el ánimo de quienes abarrotaban el aforo COVID de la Sala Argenta. Risas abiertas para tiempos opresivos, la Cultura no deja de contraatacar.

Javier Sánchez Becerril