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`Young Blood: matter of time´, una danza libre en busca de la identidad de la juventud

Santander, 9 de enero de 2021.- Los tres bailarines que se subieron ayer al escenario de la Sala Pereda lo hicieron convencidos de lo que son, sangre joven. Una leve neblina sobre el escenario hacía fruncir el ceño a quienes estábamos en el patio de butacas. Pero el agua en estado gaseoso y la oscuridad dieron paso a una luz tenue que nos permitía vislumbrar a uno de los bailarines en el centro del escenario, estático, que poco a poco fue relajando y moviendo sus articulaciones para después levantarse y unirse a sus dos compañeros en lo que sería una velada frenética.

En el espectáculo que vimos ayer, los cánones de la danza clásica cedieron el paso a la inspiración de la danza contemporánea y la danza urbana, que se dieron la mano en busca de una manera más libre de expresarse, ajena a los convencionalismos. Cualquiera de los tres bailarines, de manera individual o colectiva, llenaba el escenario con movimientos insólitos, pero completamente acompasados a sus similares. Eran ritmos trepidantes que por un momento mantenían a los componentes en una esquina del escenario, estáticos y dibujando ondas con sus brazos, como tan pronto explotaban en la dirección opuesta, con frenadas en seco, caídas al suelo, piernas cruzadas e incluso se llegaban a subir los unos a los otros. La simbiosis entre ellos era total, agrupados en un sincretismo que hacía de la danza un espectáculo que recreaba fielmente el estilo de vida de la gente joven. Rápido, enérgico, desenfrenado, lleno de estímulos que les llevan de un lado a otro, pero sin saber cuál es su objetivo. Unos impulsos instantáneos que alejan de la reflexión detenida. Impulsos como las actividades recreativas, el ocio y la fiesta son parte de una generación hedonista, pero que, en su necesidad de encontrarse, se dejan llevar por los estímulos que hay alrededor.

Los bailarines se enlazaban con el espacio escénico como fluye el agua por un río. Al final ellos buscaban su identidad, una identidad propia que todos buscamos. En cierto modo, podría considerarse que público y artistas nos miramos a un espejo, deseando encontrar nuestra esencia en su reflejo. Es complicado saber quién la encontró. El cuerpo de danza, quién sabe si aturdido de tanto danzar, cansado de tantos movimientos o extasiado de tanta búsqueda sin respuesta, se rindió a los placeres de la gula. Un descanso para recuperar fuerzas en una indagación constante, un alto en el camino, un momento de relax, una reflexión que compartir.

Javier Sánchez Becerril